Saturday, May 18, 2013

y cada la noche la memoria en el jardín zumba como un motorcito: en el día no lo puedes oír


 

El ingeniero Lobachevsky tiembla como movido por un incipiente Parkinson. Está mirando las fotos del caballo muerto. Se detiene un rato en cada una estudiándola atentamente, con el ceño fruncido. Cada tanto arquea las cejas, niega con la cabeza, carraspea. Son catorce fotos de buena calidad. Los primeros planos están bien iluminados por el flash, pero las tomas más generales del caballo muerto, mutilado y en pie en la oscuridad de la noche, adquieren un carácter fantasmagórico. Las repasa dos veces, y se las devuelve al Hombre Lobo. Cuando habla, su voz parece arena cemento y grava moviéndose en una mezcladora de hormigón.

-Esto es la obra de un sádico.No hay nada extraño en este pobre animal salvo, claro, la mente perturbada del hombre que le hizo eso.

El Hombre Lobo pone las fotos en un sobre y las guarda en un bolsillo lateral de la bermuda.

-Yo ví un par de cosas medio raras.
-Las cosas que vio no estaban ahí. Su amigo se las estaba mostrando. El amigo de Cherasny.
-¿El dueño del campo?
-Sí. Y yo consideraría muy poco probable que esa persona fuera dueña del lugar.

La biblioteca del ingeniero Lovachevski es profusa. Y confusa, también. Libros de Cálculo y Análisis Matemático (Georg Cantor, Leibnitz, Weierstrass, otros). Historia natural, física, termodinámica, música (un diccionario Grove de lomos azules, por ejemplo) y  en mucha mayor proporción, libros esotéricos: H. S. Olcott, Savitri Devi, Mme Blavatsky, El tratado de los siete rayos y el tratado sobre la Magia Blanca de Alice Bailey, Gurdjieff, Dwaj Kuhl, Oupenski.  Muchos otros, encuadernados en color violeta sin nombre en el lomo. No parece haber ninguna cosa publicada más allá de 1950. El mueble ocupa dos paredes, y libros comparten lugar con estantes llenos de discos de vinilo, todos embolsados individualmente en sobres de celofán transparente. También muchos discos compactos ordenados con el mismo metódico cuidado: muchos de la serie Deustche Gramophone, Alvan Berg, Lighetti, también jazz moderno (Archie Shepp,  Coltrane, Art Ensemble of Chicago, Sun Ra). En el living hay aire acondicionado, puesto al máximo. Lobachevsky se mueve cómodamente, vestido con un pantalón de corderoy, camisa y cardigan color azul marino.  Con bermuda y remera de The Clash, el Hombre Lobo está un poco encogido por el frío. A su lado, un golden retriever viejo y gordo cada tanto empuja la cabeza contra la mano para pedir caricias, o le hunde alegre y confianzudo el hocico entre las piernas.

-Cherasny es la persona con menos curiosidad que conozco. Toda la gente está esperando que pase algo. Cherasny no. Sin embargo, anda por acá y tiene sintonía con algunos… ach…geistesgestört… especialmente peligrosos.

Lobachevsky prende una pipa de caña larga con un encendedor de alta temperatura, le da cuatro o cinco profundas chupadas (el humo es denso, blanco, sin olor). Tose un poco.

-En fin. Diviertase si está aburrido. Pero acuérdese de que no es sólo usted que mira a la cosa. La cosa tambien lo mira a usted.

El perro se acerca a una de las cortinas y la empieza a arañar. Lobachevsky  se acerca, corre la cortina y una hoja de vidrio. El perro sale corriendo a un jardín grande y relativamente descuidado pero muy agradable de ver, una cosa semi salvaje. Salen ellos también. Afuera hace mucho calor. Son las siete de la tarde, hay todavía sol pero el cielo está entre rojo y violeta. Hay muchos mosquitos. El perro hace un recorrido para mear diferentes sitios del patio, alejándose al fondo para cagar detrás de unos bananos y volver dando alegres saltos.

-Los bananos son un regalo de Venus.- dice Lobachevsky.- Los bananos y las abejas. Fueron traídos por visitantes de Venus. Me gusta mirarlos y pensar en cómo serán los bananos verdaderos.
-Cómo verdaderos.
-Quiero decir, supongo que en Venus los bananos deben ser distintos. Aunque la carga genética sea la misma, el entorno es en extremo diferente. Presión, composición química de la atmósfera, todo muy distinto.

El Hombre Lobo mastica la información.

-Y las abejas. ¿Abejas no tiene?
-No. Es mucho lío. Pero con los bananos es más fácil. Están ahí, nomás. Quietos, relativamente.

El Hombre Lobo se mata un par de mosquitos que empiezan a picarle las pantorrillas. Lobachevsky llama al perro palmeándose un muslo, y vuelven a entrar al living. El ingeniero va hacia una mesa ratona y abre un cajón. Saca una carpeta y se la alcanza al Hombre Lobo.  Adentro hay dos cartulinas tamaño A4, blancas, troqueladas en pequeños cuadraditos de 3x3 mm aproximadamente. Como única identificación, están impresas con pequeñas runas Sieg en gris muy claro , dispuestas en diagonal y a intervalos regulares.

-Acá sobre el escritorio hay medio cuarto, por si quiere probar. El cartón casi no tiene tinta, para que no haga mal.

El Hombre Lobo lo mete en su boca. Casi inmediatamente frunce el ceño y arruga el gesto.

-A la mierda.
-Vió que no le miento.-sonríe Lobachevsky.- Se abre adentro de la boca como un organismo invasor.

La voz del ingeniero sigue sonando como arena cemento y grava, pero ahora es una mezcla que cae al piso y se desparrama.

Monday, May 13, 2013

yo medio que capaz estoy yendo hacia alguna clase de hm desastre



1/

"nuestra vida pasó hacia allí como un rumor" (escrito en la tumba de karl maria wiligut)


2/

En la televisión, la mujer del presidente invita a una exposición de pesebres navideños. Se pasea como una momia entre las representaciones del Nacimiento, las señala con ademanes de marioneta y una dicción atravesada.

-Ese edificio es un atardecer existencial…- dice el Hombre Lobo. Está tirado en la cama con la cabeza apoyada entre las dos enormes tetas de Andrea. Están desnudos y tapados con una sábana. Andrea con una mano le acaricia maternalmente la cabeza y con la otra cambia canales en la televisión. El Hombre Lobo está abrazado al cuerpo de Andrea, y cada tanto es recorrido por livianos pero veloces temblores musculares.

- Yo a este viejo un día lo vi tratar de entrar a una tintorería que hay ahí en mi barrio... lamenté no tener la cámara de fotos. Me tuve que parar a verlo: la tintorería tenía al medio una puerta de vidrio para empujar, y después a cada lado dos vitrinas igual de altas. Bueno, este viejo apoyó el bastón en una de las vitrinas, y empezó a tantear dónde estaba la puerta. Como era todo transparente, y el tipo no veía casi nada, estuvo un rato largo tanteando y probando, hasta que encontró el lugar para empujar la puerta. Yo pensaba “cómo le cuesta todo a este hombre, ¿por qué sale?”. Vos veías que ahí el mundo se le difuminaba, se le ponía misterioso… que terrible. Era como no solo que el mundo se le ponía borroso a él, si no que él, ya, estaba borroso para el mundo. Como que entre los dos la cosa empezaba a no estar.-El Hombre Lobo tiembla de nuevo. –Yo pensé “como la pelea éste viejo, como insiste en quedarse”.

-Capaz se cansó. Sos muy sensible, amor-dice Andrea, y le da un beso en la frente. -Y por qué se tiró.

-No sé. No averigüé. Lo mismo que todo el mundo, supongo. Pero vos entendés lo que digo,¿no?

Los músculos del Hombre Lobo tiemblan suavemente.

-Pobrecito- dice Andrea, sin dejar de mirar la televisión.- Pobrecito este chico que se hace tantos problemas…-Le acomoda las tetas en la cara y le deja frente a la boca un pezón gordo y rosado.

-Tomá, amor. No sufras.

-No sufro. -El Hombre Lobo le da un beso largo al pezón. Lo mira fijo y lo vuelve a chupar.

-Estas tetas…- dice, agarrando fuerte.- Estas tetas… dadoras de vida… dadoras de vida…

Andrea deja de cambiar cuando llega al canal de novelas mexicanas.  El Hombre Lobo vuelve a meter la cara entre las tetas de Andrea así que deja de ver, pero escucha. Es el “caso de la vida real” de una mujer con endometriosis. Debido a su enfermedad, sufre la violencia de su marido, insatisfecho sexualmente. Él le pega y le grita cosas como “No sirves como hembra, y hueles mal”.

-¿Es necesario que estemos viendo esto?- gruñe el Hombre Lobo.

-Vos no estás viendo. –le dice Andrea. Le acaricia la cabeza y le da un beso en la frente.- Dormite.


3/

en 1972, el inmovilista paraguayo a. de melli consiguió un contrato del ministerio de educación de haití, para guionar películas didácticas. de melli, que seguía preso en el penal de pedro juan caballero, se abocó a esta tarea más como un ejercicio de evasión mental que como una manera de ganar dinero. los guiones eran escritos con birome y letra muy chiquita, en papeles de bolsas de harina, que de melli canjeaba en la cocina del penal por cigarrillos americanos que le enviaba robert oppenheimer. los papeles salían ocultos en un tubo disimulado en el recto de algunas visitas, llegaban a la embajada de haití en asunción y de allí a port-au-prince en vuelo directo vía valija diplomática.

si bien el gobierno de haití pagó hasta el último de los 35 dólares convenidos, no utilizó prácticamente nada del material enviado por de melli, por considerarlo "reñido con casi cualquier concepto de educación".

(fuente: "the steel jelly", anthony burguess, penguin books 1967)


4/

musiquita, miho hatori walking city "mi padre es inspector de mensajes de insectos..."

Saturday, April 13, 2013



Parroquia Virgen Desatanudos, en Villa Libertador. En el atrio, unos perros maltratados por el sol y la sarna se rascan y huelen entre ellos. Adentro hay menos de diez personas sentadas en los bancos. Los ventiladores ya están andando y son la única fuente de sonido, junto con algunos discretos acoples del equipo de amplificación mientras habilitan el micrófono para la misa. El Hombre Lobo está en un costado del templo, en el confesionario. La conversación se da en un suave murmullo a través de una rejilla.
-Me estoy masturbando mucho.
-Ahá.
-Lo cuento porque sé que es pecado. Pero es una cuestión de ansiedad, más que nada.
-Eso es importante. Lo mismo, no está bien.
-No lo digo para disculparme. Era para darle un contexto, digamos. No me siento bien cuando lo hago.
-Qué es “mucho”.
-No sé. Tres, cuatro veces por día, últimamente. Capaz más.
-Bueno, no creo que llegue a “patológico”.
-No me parece bien, de todas maneras.
-Claro que no está bien. En qué pensás cuando lo hacés.
- Es una convulsión, una descarga. Uso pornografía.
-De qué clase.
-No le voy a decir. Dios lo sabe, en todo caso.
-Ok, ¿Alguna otra cosa?
- La otra cosa es que tomé Coca Cola únicamente por el placer. Sin ninguna necesidad.

(...)

-¿Y el dolor?
El Hombre Lobo hace un largo gesto evaluatorio antes de hablar.
-Diariamente hago algo con eso. Me duele mucho pero me viene como en una especie de euforia del… uh… martirio. Me aparecen imágenes en la cabeza. Anoche no podía estar en ninguna posición. Terminé acostado en el piso, boca abajo. Se me caían las lágrimas. Cerraba los ojos y veía las vértebras aplastando unos como… mh, discos de carne. Las veía apretar, conducir el peso del cuerpo hacia esos discos de carne. El dolor se desparramaba como rayos amarillos que salían para…atormentar. Dolía mucho, pero lo aguantaba con una especie de euforia en ese dolor. Como que lo veía de afuera pero a la vez estaba profundamente involucrado en el tema. 
-Euforia en el dolor. Eso no está bien. El dolor debe doler, no provocar euforia.
-No lo busco. Sucede.
-Hay que evitar esas cosas. Es medio lo mismo. Le metés disciplina Lobito, pero perdés aceite. Sos como un motor, pero perdés aceite. Tenés que trabajar en eso. Rezá seis avemarías y catorce padrenuestros. 

Tuesday, April 02, 2013


El Hombre Lobo está empapado de sudor, y tiembla.

-Negrita. Negrita…

El animal (una perra de pelaje negro con pintas blancas en el pecho y en las extremidades) lo mira a los ojos, y es muy claro que lo ha reconocido. La actitud es mansa, pero no mueve la cola. El Hombre Lobo  se inclina. Acerca la mano en ademán de acariciar, pero la perra hace un movimiento muy elegante y aparta la cabeza. Sin dejar de mirarlo, levanta los belfos y le muestra los dientes.

-Voy a morderte- dice. La voz misma sale gruñida desde el fondo de la garganta, pero el resto de las actitudes corporales siguen siendo relajadas. El Hombre Lobo no retira la mano (por el contrario, la acerca) y la perra clava los dientes en un mordisco rápido. Los colmillos se hunden profundamente en la mano.

-Rompí un huesito.- gruñe la perra, sin aflojar las mandíbulas.- Me sacaste de mi casa para llevarme a una casa nueva, y ahí me abandonaste. Yo no sabía qué pasaba. Un día no estabas y no volviste. Y un dia tu mujer, llena de dolor y odio hacia vos, me mató.

Sin soltar, la perra sacude la cabeza para aumentar el daño. El Hombre Lobo entrega la mano mansamente. Hay sangre. La perra da un par de sacudones más, y suelta.

-Bueno, basta.- gruñe. Se relame limpiándose la sangre. El Hombre Lobo levanta la mano ensangrentada y mira los cuatro agujeros, dos a cada lado. También hay marcas profundas de otros dientes, pero la piel no ha llegado a romperse.

-Muchas gracias.

-De nada. Sin sangre no hay redención.

-Me parece poco, de todos modos.

-Ya me costó mucho hacerte eso -dice la perra, negando elegantemente con la cabeza.- No me pidas más que me da fiaca.

Monday, February 11, 2013

el hombre que transmitía los mensajes

-Este… este cuerpo… nació el 19 de noviembre de 1963. Estaba en muy malas condiciones físicas... Estaba muy débil, y tenía un pequeño retardo mental.
-Este cuerpo, quién. De qué hablamos.
-Este cuerpo que está acá.
-¿Un retardo mental congénito?
-Adquirido.
-¿Tiene este cuerpo recuerdos de tu llegada?
-Él no lo recuerda. Yo recuerdo lo que él vio: él (yo) estaba cavando un agujero en la tierra, cuando el (yo) vio una formación de naves en forma de V viniendo a través del cielo. La nave guía comenzó a brillar…
-Si estaba cavando un agujero en la tierra, ¿cómo vio las naves en el cielo?
-Él sintió algo distinto y se incorporó. La nave guía comenzó a brillar mucho y descendió. El (yo) quiso correr, pero el pozo que había cavado era profundo y grande y no pudo salir rápido. Fue tomado hacia arriba en la nave. Dentro de la nave fue cuando el hombre me vio por primera vez.
-¿Tenía miedo?
-No terminaba de darse cuenta. Él (yo) todavía pensaba en el pozo que estaba cavando antes de subir a la nave.
-¿Sabes el origen del retardo mental?
-Asfixia, a los treinta y tres años. Diez minutos sin oxígeno en el cerebro.
-Esto es, cuanto tiempo antes de entrar en contacto contigo.
-Dos años y un poco más.
-¿De qué naturaleza era el agujero que cavaba el hombre?
-Era un agujero en la tierra. Uno muy grande. Los, eh, sentimientos del hombre al cavar el pozo...
-¿Puedes precisar algo acerca de esos sentimientos?
 -Confusión. Una gran turbulencia. Creo muy probablemente a causa del retardo mental. Demasiadas cosas para procesar y un mecanismo dañado para hacerlo. Y una obstinación, vinculada al retardo también. 


(de un borrador para la versión ugandesa de "primas peteras de asunción", circa 1969)



en los últimos años  de su estadía en el penal de pedro juan caballero, el inmovilista paraguayo antonio de melli escribió dos películas educativas para el ministerio de educación y cultura de uganda, y una serie de ensayos sobre clase media y el gobierno de alfredo stroessner. una selección de estos textos  apareció en 1972, con un prólogo escrito a las apuradas por bertrand russell y editado en la colección "la bayoneta sensible", de la editorial "gral stroessner", órgano de imprenta del ejército paraguayo.

cartas de esa época testimonian un goce espartano del sufrimiento en su celda con techo de cinc, hoy convertida en museo. 

"soy como un tornillo que se atornilla él mismo a la piedra y cuando ya no puede atornillarse más, sigue haciendo fuerza. dios se me caga de risa y yo hago lo mismo con él", le escribió a bob dylan, en respuesta y agradecimiento a una encomienda en la que dylan (usando para el remitente su nombre no artístico, robert allen zimmerman) le había mandado velas, libros y doscientos dólares  en billetes de a uno.








Sunday, January 13, 2013

todavía me toca sostener un par de rituales católicos de disciplina



El Subcomisario Vicat toca el timbre y espera unos segundos. Desde un balcón de la casa se asoma un hombre que le tira un llavero. Sube las escaleras y se saluda fríamente con cuatro tipos vestidos con pantalones negros, camisas pardas, corbatín, correaje y brazaletes nazis.  Todos tienen un vaso con bebida blanca en la mano. Sobre la mesa ratona del living hay seis botellas de whisky en distintos estados de consumo, y una de vodka por la mitad. Sobre la mesa grande, hay una bolsa de cocaína y un plato. Uno de los hombres de camisa parda peina unas líneas con una tarjeta de plástico. La mesa está corrida para que se pueda circular rodeando una gran mancha de sangre tapada con diarios.

El subcomisario Vicat va a la cocina y saca un vaso del secavajilla. Abre el freezer. Saca una cubetera de hielo y la deja sobre la mesada. Revisa bien atrás, entre unas bandejas de carne molida y encuentra un sobre de papel. Se lo guarda en el bolsillo de la camisa. Pone unos cubitos de hielo en el vaso y vuelve al living. El hombre que peinaba está tomando y le ofrece. Vicat niega con la cabeza. Se sirve un whisky bastante grande y se sienta en el sofá. Por un rato bebe abstraído en la contemplación de la mancha de sangre. Hay al menos siete u ocho capas de hojas de diario cubriéndola, pero aún asoman islotes de rojo. Suena el timbre un par de veces más, y llegan otras personas. Casi todos terminan de uniformarse una vez adentro.

Para cuando son las seis de la tarde una decena de hombres de camisa parda bebe y toma cocaína. Otros seis están de civil. Uno de ellos es el subcomisario, y otro es Bombita. Bombita está de jeans y remera de Rush (2112) y fuma un cigarrillo. Los dos están parados cerca de una esquina del living. No parecen estar a gusto. Ninguno de los dos se acerca a la cocaína, pero ya llevan un par de whiskys encima.

-Y vos qué pasa que no le estás tomando la merca a estos pelotudos-dice el subcomisario.

-Estoy tomando menos –responde Bombita, y le guiña un ojo.-Me hice evangelista.

Thursday, January 10, 2013

también el puño fue alguna vez una mano abierta, con dedos



El Hombre Lobo está en short, ojotas y remera de The Clash. Reparte sandwichs a una decena de travestis, a metros de avenida Juan B. Justo e Isabel la Católica. Las chicas se amontonan ordenadamente, es casi una cola de hospital, un poco más alegre. Con un bolso grande y una heladera de campamento con hielo y botellas de agua y gaseosas light, el Hombre Lobo reparte un sandwich por persona, dando opciones (jamón y queso, o queso y tomate, agua o gasesosa). La mayoría de las chicas se llevan lo suyo, agradecen y se vuelven a sus lugares. Algunas se quedan charlando ahí mientras comen. La noche es tranquila. A pesar del calor, los cortes de calle y las dificultades para circular, sigue habiendo movimiento de autos y clientes. Cuando termina de repartir las cosas, antes de cerrar la heladera saca tres botellas de agua congelada.

-Chicas, si quieren les dejo estas botellas de hielo…

Dos chicas, una bastante alta y la otra más bien un gordito de minifalda y musculosa, vienen a buscar las botellas.

-Estás triste y nervioso, últimamente.-dice la más alta, todavía masticando el sándwich de jamón y queso. Su remera dice “GIRL”, shorts y plataformas. Tonada de Formosa, o Misiones.

-¿Vos decís?- dice el Hombre Lobo, poniendo cara de no acordar- Triste, puede ser.

-Nervioso también. Se te ve. Estás todo tenso. Caminás como un robot.

El Hombre Lobo se ríe.

-Bueno ,es difícil caminar flojo con la heladera y las cosas

-Ahora que no llevás nada estás peor.-dice el gordito de minifalda.- Como un robot pero robot medio que lo cagaron a palos. 

Se rien.

-Estoy cansado. -dice el Hombre Lobo- Hoy estuve dando vueltas casi todo el día.

-No me parece. –dice la más alta- Relajate un poco.

-Ja ja, ok. Me relajo.

-En serio, te digo.

-Ella tira las cartas,-dice el gordito.- Hacele caso.


Lleva el bolso y la heladera a un utilitario estacionado a la vuelta. Adelante está Bombita, y por la cara el movimiento y la sombra a un costado, le están chupando la pija. El Hombre Lobo va hasta la parte de atrás de la camionetita, abre la puerta. Hay olor a porro y están escuchando Soft Machine en el estéreo del auto. Sube las cosas haciendo más ruido del necesario.

-Doy una vuelta a la manzana y vengo.

Cuando regresa ya está Bombita solo. Hay olor a maquillaje y perfume de mujer, también. Nada muy sofocante.

-¿Era necesario?

-Uh. Me aburría, vino esta chica a preguntar.

-No es una chica.

-Loco, a mí si me dice que es una chica, es una chica.-dice Bombita, divertido.- Y aparte yo no es que le hago un bien al mundo, pero esa chica se acaba de ir con quince pesos más a la casa.

-Muy bien, muy piadoso tu comportamiento.

-Ha ha loco acá el que le da el asiento a las viejitas sos vos, yo te acompaño nomás.