

los involucrados remitir observaciones vía mail.
armé este ov10 bronco escala 1/72. según especialistas, "quedó muy lindo, si lo armó un nene de 12 años o menos"
"El día que terminó con el garage, Cetarti agregó a la treintena de objetos que había agrupado en la primera habitación: una bolsa grande con VHS de películas porno (Títulos: “Cream Rinse”, “Cum Scouts”, “Fire Hole”, “Flesh Mountain” y otros. Una decena de los videos tenía el mismo diseño de caja negra y título “Private” en dorado); dos estufas a cuarzo funcionando, dos ruedas de auto completas (llantas, cámara y cubiertas algo gastadas), un pequeño mueble biblioteca y una caja de madera con una pistola con munición, aceite fino y elementos de limpieza. Sobre la corredera estaba grabado “PISTOLA AUTOMÁTICA CAL 22 T.A.L.A Talleres de Armas Livianas Argentinas-Punta Alta Industria Argentina”. Después barrió puntillosamente y lavó los pisos de la casa con lavandina y desinfectante, incluyendo la galería donde se amontonaban los papeles y cartones: barrió todo menos la pila de cáscaras de mandarina. Ordenó también las módicas instalaciones de la cocina. Se bañó y se puso una muda de ropa limpia, lavada con jabón de tocador. Prendió el televisor y fumó un porro mirando un documental sobre el accidente nuclear de la planta de Three Mile Island en 1979. Se durmió en medio de una cronología de las reacciones físicoquímicas sucedidas dentro del reactor, que no estaba entendiendo mucho. Despertó cuarenta y cinco minutos más tarde, con mucho hambre. Eran las seis y media de la tarde. No quería salir por miedo a encontrarse a Gómez en la vereda. Comió dos porciones de pizza sobrantes de la noche anterior, con los restos tibios de una botella de coca cola. Se mojó la cara y el pelo y salió al patio. Se sentía en cierta manera alivianado. Miró fijamente las cáscaras de mandarina: imaginó la cantidad de horas masticando mandarinas que significaba esa pila de cáscaras. Era una cantidad con posibilidades elásticas: se podía masticar pensativamente y mirando la nada, o con rapidez operativa. Podían ser seis horas de masticar mandarinas. O veinte."
Mas a la tarde, llevaba un par de horas cambiando canales sin pensar en nada específicamente (promediaba el cuarto porro del día), cuando golpearon la puerta. Con alguna dificultad se calzó las zapatillas y fue a espiar por la persiana. Era el viejo que, vestido de pijama corto y chinelas, había ofrecido rematar de un escopetazo al cebú atropellado. Ahora estaba un poco mejor vestido (camisa a cuadros y pantalón ombú, no llegaba a verle los pies). Golpeó la puerta de nuevo. Los golpes no eran muy enérgicos, como si supiera que él estaba ahí al lado. Cetarti abrió. El viejo lo saludó, se presentó como Gómez. Tenía puestas las mismas chinelas de la otra tarde y se lo notaba un poco incómodo. Le dijo que vivía al frente y lo había estado viendo sacar las bolsas por las noches y que parecía que estaba limpiando la casa. Cetarti le contestó muy parcamente que sí, que estaba limpiando.
durante las semanas que siguieron cetarti durmió un promedio de catorce horas por día. del tiempo que pasaba despierto, casi todo lo distribuía (junto con los escombros de su atención) entre el televisor y la pecera. el ajolote era ideal para ser observado en esas condiciones: casi siempre inmóvil, cada tanto nadaba perezosamente hacia arriba, a tomar aire o un bocado de la comida en escamas que flotaba en la superficie. cetarti seguía comiendo poco y nada, pero confiaba en que el metabolismo bajo compensara la disminución en calorías. solía tener pesadillas, algunas más recurrentes o aterradoras que otras, pero en todas lo mataban a escopetazos. a veces estaba su madre junto con él, a veces estaba solo. pero siempre entraba la sombra de un tipo enorme (a veces el tipo no era completamente humano sino que tenía una especie de tentáculos que le salían de la cara) con una escopeta y le disparaba en el cráneo. le volaban la cabeza pero él vivía lo suficiente como para ver astillas de hueso y unas mucosidades sanguinolentas que se pegaban al tapizado de un sillón y a unas cortinas. soñaba otras cosas también, pero no se las acordaba.